Viviendas antiguas en los pueblos de Sevilla: qué problemas constructivos suelen aparecer al reformarlas

Cuando alguien llega al estudio con una casa antigua, casi siempre empieza igual:

Vivienda Sevillana
Vivienda Sevillana

 “Es una casa vieja, pero está bien… solo quiero reformarla un poco”.

En pueblos de Sevilla como Morón de la Frontera esto es muy habitual. Viviendas construidas hace décadas, muchas entre los años 50 y 90, que aparentemente están en buen estado, pero que esconden una forma de construir muy distinta a la actual. Antes de empezar cualquier reforma, entender cómo está hecha realmente la casa es clave.

Cómo se construían las viviendas a partir de los años 60 (y qué implica hoy)

Si tu vivienda es de los años 60 o 70, lo más habitual es que esté construida con muros de carga, normalmente de ladrillo macizo o bloque, y forjados unidireccionales apoyados directamente sobre esos muros. En este tipo de casas no existe una estructura de pilares como la que se utiliza hoy, sino que son las propias paredes las que soportan el peso del edificio.

Los tabiques interiores, además, solían ejecutarse también con fábrica de ladrillo, muchas veces con espesores importantes. Esto lleva a un error muy común en las reformas: pensar que todas las paredes se pueden tirar sin más. En realidad, algunas de ellas están trabajando estructuralmente.

Cuando se eliminan muros sin saber qué función cumplen, pueden aparecer fisuras, deformaciones en los forjados o problemas que no siempre se manifiestan de inmediato. La solución no pasa por no tocar nada, sino por entender la estructura y actuar con criterio, planteando refuerzos o redistribuciones bien pensadas.

En viviendas algo más recientes, de los años 80 y 90, ya empiezan a aparecer estructuras de hormigón armado con pilares y vigas, pero aun así los cerramientos y particiones no siempre se comportan como los actuales. Cada época tiene su forma de construir y sus propias limitaciones.

Forjados de vigas de madera y cañizo: el gran desconocido

En muchas viviendas anteriores a los años 60 —y en bastantes casos incluso posteriores, sobre todo en autoconstrucciones— es muy habitual encontrar forjados tradicionales formados por vigas de madera y cañizo. Son sistemas que no se ven, pero que condicionan por completo cualquier reforma.

Desde abajo suelen presentarse como techos continuos de yeso. Al empezar una obra, cuando se abre un hueco o se pica el techo, aparece la sorpresa: vigas de madera separadas entre sí y, entre ellas, un entramado de cañas que sirve de soporte al yeso.

Estos forjados se han utilizado durante décadas y muchos han funcionado correctamente durante más de 80 o 100 años. El problema no es el sistema en sí, sino intervenir en él sin saber que está ahí.

No están pensados para las cargas actuales ni para ciertas actuaciones habituales hoy en día. Es frecuente que en reformas sin estudio previo se añadan solados pesados, falsos techos, muebles de obra o que se eliminen tabiques que ayudaban a repartir cargas. También es muy común que las humedades procedentes de cubiertas deterioradas afecten a las vigas de madera, provocando pudriciones o pérdidas de resistencia que no siempre son visibles.

En muchos casos estos forjados pueden reforzarse, aligerarse o sustituirse parcialmente. Pero para eso, primero hay que identificarlos y entender cómo trabajan.

Cubiertas y forjados: cuando el problema está arriba

Otro punto crítico en este tipo de viviendas son las cubiertas. En casas antiguas es habitual encontrar soluciones tradicionales, con poco aislamiento o directamente sin él. Esto explica por qué muchas viviendas son frías en invierno, muy calurosas en verano o presentan filtraciones cuando llueve fuerte.

Muchas veces se intenta solucionar el problema desde el interior, cuando en realidad el origen está en la cubierta. Actuar sobre ella suele ser una de las intervenciones que más mejora el confort de la vivienda, aunque no siempre sea la más visible.

Instalaciones antiguas: cuando “funciona” no significa que esté bien

Las instalaciones son otro de los grandes puntos débiles en las viviendas antiguas de los pueblos de Sevilla.

En saneamiento es muy común encontrar bajantes antiguas, en muchos casos de uralita o de PVC de primeras generaciones. Aunque no siempre den problemas visibles, pueden estar fisuradas, mal ventiladas o con pendientes deficientes, y suelen fallar justo después de una reforma si no se tienen en cuenta.

En fontanería, si los tubos de agua fría son de hierro galvanizado, lo más habitual es que estén oxidados por dentro. Muchas veces el aviso llega en forma de agua turbia, baja presión o averías constantes. Renovar acabados sin renovar estas instalaciones suele acabar en obras duplicadas.

La instalación eléctrica tampoco suele cumplir con la normativa actual: cuadros antiguos, secciones insuficientes o ausencia de toma de tierra son situaciones muy habituales que conviene corregir aprovechando la reforma.

Casas sólidas, pero pensadas para otra forma de vivir

Muchas de estas viviendas están bien construidas, pero responden a una forma de vida muy distinta a la actual. Espacios compartimentados, estancias interiores sin ventilación o recorridos poco funcionales son comunes.

Reformar bien no es solo arreglar lo que está mal, sino adaptar la casa a cómo se vive hoy, respetando su carácter pero mejorando su funcionalidad, iluminación y confort.

Reformar con cabeza empieza por conocer la vivienda

El mayor error al reformar una vivienda antigua no es gastar más o menos dinero, sino no saber qué se tiene entre manos. Cada casa es distinta y necesita soluciones adaptadas a su sistema constructivo, a su estado real y al presupuesto disponible.

Por eso siempre recomendamos lo mismo: antes de empezar a romper, parar y estudiar la vivienda. A partir de ahí, se pueden tomar decisiones con tranquilidad y evitar problemas innecesarios.

Si tienes una vivienda antigua en Morón de la Frontera o en cualquier pueblo de Sevilla y estás pensando en reformarla, una primera consulta puede ayudarte a ver claramente qué tienes, qué puedes hacer y cómo hacerlo bien desde el principio.

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